miércoles, 24 de agosto de 2016

El Canal Subterráneo de Orbó

Grabado del canal subterráneo de Orbó
En 1879 el ingeniero de minas Mariano Zuaznávar y Arrascaeta se hizo cargo de la dirección facultativa de las minas que Esperanza de Reinosa tenía en Vallejó de Orbó. Las instalaciones estaban un poco anticuadas y uno de los trabajos del facultativo fue su modernización, pero centró sus esfuerzos en el sistema de transporte exterior del carbón. Consiguió que el carbón de los dos pozos más importantes (Jovita y San Rafael) saliera por el mismo sitio y creó una línea ferroviaria que lo transportaría hasta la estación de Cillamayor donde se unía con al línea de Barruelo Quintanilla.
Otra de las obras del ingeniero fue solucionar los problemas que de ventilación, transporte interno y evacuación de aguas en los pozos y el resultado fue una de las obras de ingeniería minera más importantes del siglo XIX: El Canal Subterráneo de Vallejo de Orbó.
  Foto de la salida del canal de Orbó
Foto de la salida del canal de Orbó

Una de las soluciones al problema de las aguas era la incorporación de máquinas de extracción más potentes, pero al usar bombas, hay que dejar un macizo de protección para evitar la infiltración del agua de la superficie. Para solventar esto y sacar la máxima rentabilidad, Zuaznávar se inspiró en los canales subterráneos de Alemania e Inglaterra,que servían para evacuar el agua y transportar el carbón a través de ellos.
Con este ingenio, se consiguieron eliminar los tres mayores problemas: filtración de las aguas, ventilación y transporte del carbón.
Se dio el visto bueno a esta titánica obra, única en España, a pesar del gran coste que supondría para la empresa minera, que esperaba recuperar la inversión gracias a la reducción de costes y la extracción del carbón de los macizos de protección.
Recreación del interior del canal de Orbó
Recreación del interior del Canal de Orbó
El canal consistía en una galeria impermeable de 1.775 metros, que partía de la caldera del pozo Rafael a 112 metros de profundidad y terminaba cerca de la estación de Cillamayor.
En 1879 se firmó el presupuesto de la obra con un costo estimado de 30.000 duros (unos 900€) y un plazo de ejecución de 26. Para la construcción del canal se utilizaron 1.228 kilos de dinamita y 6.228 kilos de pólvora creando una galeria hexagonal de 2,20 metros en la base y 1,60 metros en el techo.
En el interior, junto a la sala de calderas, se creo un muelle de descarga donde se pasaba el carbón de los vagones a las chalanas que circulaban por el canal. Estas tenían 10 metros de largo, 1,6 de ancho y 1 de alto y se movían gracias a un cable flotante que utilizaba como fuerza motriz el agua que caía desde el pozo.
Una vez hechas todas las comprobaciones para garantizar la seguridad de las instalaciones y terminar de rematar pequeños detalles, se inauguró oficialmente en marzo de 1884, 71 meses después de empezar. El costo final fue bastante superior, alcanzando 50.000 duros (1.500€) lo que llevó a la empresa a una grave situación económica y en 1886 se liquidó la sociedad. Los gastos extra del canal, la creación del ferrocarril del noroeste y la llegada de los carbones asturianos a Madrid a un precio más competitivo, hicieron que las minas de Orbó dejaran de ser rentables. La complejidad del canal fue su perdición y a pesar de que se intentaron reformas para intentar seguir usándolo, termino por desecarse y colocar una vía usando animales para arrastrar los vagones hasta 1915, cuando se cambió la fuerza animal por la eléctrica.

En 1969 cesan los trabajos en pozo Rafael por lo que el canal se deja inundar. Hoy en día, rodeado de una pequeña laguna,  sólo queda la parte superior del arco que daba entrada al canal con una piedra de arenisca en la que se intuyen las siglas S y E (Sociedad Esperanza de Reinosa) y un año, 1883. Son los últimos vestigios de lo que en su día fue una excepcional obra de ingeniería dentro de la minería de carbón de nuestro país.

Si quieres saber más sobre el Canal de Orbó o sobre cualquier otro tema relacionado con el carbón, no dudes en venir a visitarnos al Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán. ¡Te estamos esperando!

Fuente: Colección de historia de la montaña palentina nº9.

miércoles, 17 de agosto de 2016

El Desprendimiento Instantáneo de Grisú.

Cuadro de un accidente de grisú de Brosio.
Cuadro de un accidente de grisú de Brosio.

Hoy vamos a tratar un tema bastante espinoso ya que no entendemos muy bien cómo y por qué ocurre, pero vamos a intentar simplificarlo al máximo (aunque se pierda un poco de rigor científico) para que todo el mundo lo entienda.
En condiciones normales, el grisú es explosivo cuando se encuentra en una concentración de entre el 4 y el 16 por ciento (dependiendo de las condiciones de la atmósfera), respecto al volumen total de aire. En esta situación sólo se necesita una chispa, llama o fuente de calor para hacer que la atmósfera minera se inflame y explote, pudiendo acabar con la vida de todas las personas que se encuentren en el interior de la mina.
El uso de herramientas neumáticas y la prohibición de manipular las lámparas y la de fumar en el interior disminuyen drásticamente la posibilidad de que ocurra este tipo de accidentes, por lo que hoy en día es un riesgo "asumible".
Cuando se abrió el Pozo Calero y se empezaron a realizar labores a gran profundidad, los trabajadores se encontraron con un comportamiento diferente del grisú. Se producían explosiones "en seco", sin fuego, sin necesidad de que se originaran por una chispa o llama. Estas explosiones eran inevitables y no se podían predecir, por lo que el número de muertos en el pozo barruelano empezó a aumentar.
Los ingenieros  de El Calero tuvieron que reinventar la minería del carbón para luchar contra este nuevo enemigo desconocido en nuestro país, creando sistemas de seguridad y laboreo nuevos que se adecuaran a las especiales características del grisú de nuestras minas.
Por aquella época se conocían los desprendimientos instantáneos en las cuencas belgas, pero la información era muy escasa.
Hasta que se abrió El Calero, la peligrosidad de las minas de carbón se encuadraba en 3 categorías, 1, 2 y 3, siendo esta última la más peligrosa. Con el nuevo reglamento de policía minera de 1934, hubo que crear una cuarta categoría para minas con desprendimientos instantáneos de gruisú y a pesar de todas las medidas paliativas, estos fueron una constante hasta que se cerró el pozo por primera vez. Es por esto que está considerado como uno de los pozos de carbón más peligrosos de España.

Grabado de un accidente de Simonin, "la vie souterraine"
Grabado de un accidente de Simonin, "la vie souterraine"
Pero, ¿a qué se debe este desprendimiento instantáneo? En minas de gran profundidad con capas muy grisuosas, el avance de las galerías y el trabajo en los tajos debilitan las paredes del carbón lo que puede desencadenar la liberación de una bolsa de grisú. Esta, suele ir acompañada de la liberación de una gran cantidad de polvo y combinados, pueden asfixiar a los trabajadores. Pero el mayor problema es cuando la mezcla de grisú y aire explota, pudiendo proyectar gran cantidad de carbón a alta velocidad, siendo mortal en la mayoría de los casos.
Durante millones de años, el metano adsorbido en el carbón ha estado en equilibrio, el cual se rompe con las labores de explotación, se modifican las presiones del gas respecto al exterior y se produce la explosión. Para entender esto, vamos a poner un ejemplo de la vida cotidiana. Si cogemos una lata de refresco con gas y la agitamos, al abrirla se produce una liberación del gas del interior de forma violenta debido a una diferencia de presiones. Esta liberación arrastra consigo el líquido que lo rodea. En la mina ocurre lo mismo con el grisú, el gas se libera de forma violenta arrastrando consigo lo que le rodea, en este caso el carbón.

Hoy en día ya no hay pozos de cuarta categoría en funcionamiento en España, pero nos queda el recuerdo de los cientos de mineros que perdieron la vida en uno de ellos.
Si quieres saber algo más sobre los desprendimientos instantáneos de grisú o sobre cualquier otro tema relacionado con la minería del carbón, no dudes en venir a visitarnos al Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán. ¡Te estamos esperando!

miércoles, 10 de agosto de 2016

La Escombrera. Impacto en el paisaje y su restauración.

Escombrera de lavado de Barruelo de Santullán
Escombrera de lavado de Barruelo de Santullán

Uno de los elementos que caracteriza el paisaje de la cuenca minera del Rubagón y el de muchas otras cuencas es el conjunto de escombreras. En la entrada de Barruelo, desde Aguilar de Campoó, nos encontramos con una cordillera de roca negra que se extiende durante varios kilómetros adentrándose en el bosque. Es un paisaje que no deja indiferente y que ya forma parte de nuestras vidas. Es cierto que mejor estaría poblado de bosque, pero le hemos sacado partido como atrayente turístico o para los amantes de los fósiles.
Hablamos de la escombrera de lavado, una inmensa acumulación de estériles procedentes del lavadero, donde el carbón que sale de la mina se separa de todo lo que no es carbón. Estos deshechos se acumulan en escombreras próximas al lavadero ya que no tienen ninguna utilidad efectiva. No sirven para áridos, ni para rellenos y todas las propuestas que se han creado para su utilización han resultado inviables.
Hace unos años nadie se preocupaba por el impacto de las minas en el entorno pero hoy en día es algo muy a tener en cuenta. A la hora de plantear una explotación minera, se deben de tener en cuenta tres aspectos fundamentales: Prevención (intentar alterar el medio lo menos posible), restauración (devolver el aspecto original al terreno) y  remediación (solucionar los problemas persistentes tras la restauración). 
Hay muchas escombreras anteriores a que se obligara a cumplir este protocolo y son esas las que nos acompañarán en los pueblos mineros hasta que el bosque reclame lo que es suyo.
Escombrera de lavado de Barruelo de Santullán
Escombrera de lavado de Barruelo de Santullán

Una vez finalizada una explotación a cielo abierto, una mina subterránea o al clausurar una escombrera, la empresa debe restaurar la zona intentando que quede con el aspecto original.
EL hueco dejado por el cielo abierto se suele rellenar con el escombro extraído y es habitual generar un lago artificial en el hueco que quede. 
Las minas subterráneas se sellan y si existe peligro de subsidencia (hundimiento), se rellenan las galerías para que no colapsen.
Pero vamos a centrarnos en el tema que hoy nos ocupa. Las escombreras. A la hora de crear una escombrera nueva, se intenta reducir al máximo el impacto visual alejándolas de las zonas pobladas o de tránsito. Esto es fácil en zonas de topografía abrupta y algo más complicado y costoso en terrenos abiertos.
Muchas veces los problemas vienen de las escombreras ya existentes que deben remodelarse para aumentar tu integración paisajística, creando pantallas de vegetación que la oculten.
Otro de los aspectos a tener en cuenta es el de evitar la dispersión de los productos de la escombrera (lixiviados) ya sea por escorrentía o infiltración. Esto implica impermeabilizar la escombrera y canalizar todos estos lixiviados hasta una zona donde se pueda actuar contra ellos.

Escombrera de Ciñera (León) restaurada
Escombrera de Ciñera (León) restaurada

Una vez que tenemos la escombrera clausurada, tendremos que darle formas naturales, evitar que sea muy alta y aprovecharnos de la orografía para ocultarla. Hecho esto, la cubriremos con una capa de tierra vegetal para realizar una hidrosiembra, que consiste en introducir una serie de semillas de especies vegetales autóctonas con fertilizante. 
En nuestra zona, lo mejor es utilizar herbáceas leguminosas que darán paso a escobas (Cytisus sp.) y que prepararán el terreno para la colonización por el roble. Este proceso puede llevar décadas, por lo que es muy importante hacer un seguimiento, algo que hoy en día no se suele llevar a cabo.

Si quieres saber más sobre las escombreras o cualquier otro tema relacionado con la minería del carbón, no dudes en venir a visitarnos al Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán. ¡Te estamos esperando!

miércoles, 3 de agosto de 2016

Barruelo de Santullán. Un repaso a las empresas mineras.

Logotipo de UMINSA, la última empresa en explotar las minas de Barruelo
Logotipo de UMINSA, la última empresa en explotar las minas de Barruelo

El Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán se encuentra en uno de los lugares con una mayor transformación demográfica de nuestro país.  Estamos hablando de una pequeña aldea de 37 habitantes en la que una tarde de 1838, el cura Don Ciriaco del Río descubrió carbón en el valle de Santullán.
No es hasta finales de 1843 cuando la empresa Esperanza de Reinosa se hace con las primeras concesiones en Orbó. En Barruelo hubo que esperar hasta 1844 para que Collantes Hermanos se hiciera con la primera concesión.
Los primeros años fueron duros ya que el carbón de Barruelo se tenía que llevar en carretas hasta Alar del Rey y desde allí hasta Valladolid a través del Canal de Castilla.
En 1856 llega a Barruelo una gran empresa con intereses ferroviarios y de capital francés; Crédito Mobiliario. La calidad de la hulla extraída en el valle y su excelente situación geográfica hicieron que se invirtiera una gran cantidad de dinero en modernizar las minas y en crear en 1864 un ramal ferroviario que uniera Barruelo con Quintanilla de las Torres, punto de paso de la línea que unía Alar del Rey con Reinosa y que más adelante conectaría Madrid con Santander.
Esta gran inversión se vio recompensada con una enorme producción de mineral y en 1876 había 1.148 empleados trabajando directamente para la empresa.

En 1877, Crédito Mobiliario cedió la concesión de las minas a su filial Ferrocarriles del Norte, la que empleó el 100% del carbón extraído en la fabricación de briquetas para alimentar sus locomotoras.
Durante los siguientes 10 años se modernizaron edificios, maquinaria y herramientas, lo que supuso un importante incremento en la producción colocando a las minas de Barruelo como una de las más modernas y avanzadas de Europa.
En 1887, las leyes de proteccionismo del carbón nacional favorecieron a las minas de Asturias, por lo que Ferrocarriles del Norte empezó a comprar el carbón allí en vez de favorecer sus minas en Barruelo.
En esos 40 años, Barruelo pasó de 37 a 3.255 habitantes, algo para lo que no estaban preparados por lo que hasta que la empresa no se hizo cargo de controlar la vivienda y los servicios, la gente vivía en pésimas condiciones.
Durante el siglo XX comenzó a subir el precio del carbón, por lo que ya no salía tan rentable comprarlo en Asturias. Entre 1905 y 1907, Ferrocarriles del Norte inviertió una gran suma de dinero para modernizar los talleres y el transporte interior, la creación de una central termoeléctrica y un nuevo lavadero.
Por esa época empezaba a escasear el carbón del grupo superior, por lo que se empezó a plantear la construcción de un pozo vertical que explotara nuevas capas y alcanzara gran profundidad. El Pozo Calero.
El pozo se comenzó a construir en 1911, terminando de profundizar en 1914. La alegría por haber terminado una obra tan grande se vio truncada por la I Guerra Mundial. La imposibilidad de traer la maquinaria procedente de Alemania hizo que la producción fuera irrisoria durante los siguientes 3 años, pero los países europeos dejaron de exportar carbón, por lo que las minas españolas tuvieron un gran empuje.

En 1922, Ferrocarriles del Norte crea una filial a la que le vende las minas de carbón, Minas de Barruelo S.A. y en 1928 compra los yacimientos de Vallejo de Orbó.
Barruelo alcanzó su máximo demográfico en 1930, con 8.695 empadronados, aunque superaba los 10.000 habitantes ya que mucha gente venía a vivir aquí atraída por la cantidad de trabajo de las minas. En esa época llegaron a trabajar 1.500 personas directamente para la mina.
En 1941 se nacionalizaron todas las compañías ferroviarias dentro de RENFE y con ellas, las minas de Barruelo. En los años 60 se electrificaron las vías ferroviarias por lo que el carbón de Barruelo dejó de tener salida para la fabricación de briquetas y es por esto que deciden venderlas a Hullera Vasco Leonesa en 1966. Entre 1968 y 1972 se cerraron todas las minas de Barruelo ya que el gobierno no cumplió las condiciones de venta de las minas. Más de 1.000 trabajadores se fueron a la calle y se acabó con la forma de vida de un pueblo que se había dedicado a la extracción del carbón durante más de 100 años.
Tras el cierre, las minas quedaron en propiedad del Banco de Crédito Industrial que las vendió a Altos Hornos de Vizcaya S.A. en 1975, aunque no extrajeron nada de carbón.

En 1980, Hullas de Barruelo S.A. (HUBASA) compra las minas, reactivando el Pozo Calero y comienza con un sistema nuevo de explotación; el cielo abierto. En 1998, HUBASA se integra con Unión Minera del Norte S.A. (UMINSA) dando trabajo a unas 200 personas.
Poco a poco fueron despidiendo a trabajadores y reduciendo la cantidad de carbón extraído hasta el cierre de la última mina en el año 2005. Hoy, 11 años después del cierre de las minas, quedamos en Barruelo menos de 1.000 habitantes, un 10 por ciento de lo que fue en su época de máximo esplendor.

Si quieres saber más sobre la historia de nuestro pueblo o sobre cualquier tema relacionado con la minería del carbón,  no dudes en venir a visitarnos al Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán. ¡Te estamos esperando!

miércoles, 27 de julio de 2016

El Guaje. El Ayudante del Minero.

Grupo de Guajes con las palas
Grupo de Guajes con las palas

El carbón empieza a tomar verdadera importancia en nuestro país a mediados del Siglo XIX, una época en la que los núcleos familiares estaban compuestos por tres generaciones, abuelos, padres y varios hijos. Son muchas bocas que alimentar, por lo que los niños tenían que empezar a trabajar desde una edad muy temprana. En las zonas rurales era habitual que asistieran al colegio unos pocos meses durante el invierno, para dedicarse el resto del año al trabajo en el campo, pero esto cambió con la llegada de capital extranjero para iniciar las explotaciones mineras.
Comenzaron a crearse muchos puestos de trabajo, con la promesa de un buen sueldo futuro, algo muy goloso para esas familias numerosas.


Guaje posando con una lámpara de seguridad
Guaje posando con una lámpara de seguridad

La edad mínima para entrar a trabajar en la mina se estableció en 1931 en los 14 años, pero había muchos niños que mentían sobre su edad para poder entrar antes, con 12 o 13 años. Esto les provocaba un miedo atroz, pero al mismo tiempo, un orgullo inmenso por ganarse un jornal con un trabajo de hombres. A todos estos niños que entraron a la mina se les empezó a llamar guajes, y como solían ser casi todos los del pueblo, se extrapoló la palabra para referirse a todos los niños en general. Hoy en día en una palabra común en las cuencas mineras del norte palentino, León y Asturias.


Grupo de mineros entre los que se encuentran algunos guajes
Grupo de mineros entre los que se encuentran algunos guajes

Normalmente tenían los trabajos menos gratos, como todo ayudante y aprendiz, pero sabían que si se esforzaban y aprendían rápido, obtendrían un buen sueldo y tendrían mejores trabajos, aunque podrían ser más peligrosos.
Pero, ¿de dónde viene la palabra guaje? Hay varias teorías, pero de todas ellas hay una que tiene más fuerza.
Lo primero que tenemos que tener claro es que se escribe guaḥe, ya que en asturiano no existe la j castellana. Esa h con un punto debajo es una hache aspirada, muy típica del inglés y del alemán y que a los españoles nos cuesta mucho pronunciar, como por ejemplo en la palabra "house".
Para encontrar el origen de la palabra, nos remontamos a la construcción del primer pozo de carbón en España en 1833, el pozo de la mina de Arnao (Asturias). Varias de las galerías de esta mina están debajo del mar, siendo la única con estas características en Europa y de este pozo salía la primera línea férrea del país (1836) por lo que os recomendamos la visita a su museo. Todo esto se llevó a cabo con capital extranjero, principalmente belga, siendo también los primeros ingenieros de esa nacionalidad.
Uno de los trabajos de estos niños mineros era empujar los vagones, que en alemán se escribe wagen (pronunciado baguen), pero en flamenco (uno de los idiomas oficiales de Bélgica) se pronuncia huaghe. Es fácil entender como para el oído de un asturiano suene a guaḥe, refiriéndose a los niños que trabajaban empujando las vagonetas o wagen.

Si quieres saber más sobre cualquier tema relacionado con la minería del carbón, no dudes en venir a visitarnos al Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán ¡Te estamos esperando!

miércoles, 20 de julio de 2016

Mecanizar el tajo. Rozadora, cepillo y entibación automarchante.

Una de las principales razones por las que las minas de Barruelo dejaron de ser rentables ha sido la imposibilidad de mecanizar los tajos. La gran cantidad de grisú que acompaña la hulla barruelana, hace que su extracción tenga que ser manual con martillos neumáticos o picas de mano. El gas se va liberando a medida que se pica el carbón y si picamos muy rápido o en grandes cantidades, la atmósfera se convierte en explosiva. Es por este motivo que en la mayoría de las ramplas de Barruelo no se pudiera picar más de 7 horas.

En las minas que no tienen estos problemas de gas, y siempre y cuando las condiciones sean las idóneas, se pueden instalar rozadoras y cepillos con entibación automarchante.
Ambas máquinas tienen una serie de dientes que van arrancando el carbón de la capa, dejándolo a un tamaño adecuado. Hoy en día casi todas son eléctricas ya que consiguen más potencia que las neumáticas y se pueden usar en capas con potencias comprendidas entre 40 centímetros y varios metros. Elegiremos usar una u otra en función de la inclinación de la capa, utilizando la rozadora en capas superiores a 45º (puede ser algo menos) y el cepillo en las inferiores.
El cepillo debe ir asociado a un sistema de transporte de carbón llamado páncer, ya que a menos de 45º, el carbón no desliza por la rampla y hay que sacarlo. El páncer es una especie de cinta de transporte, pero que en vez de una cinta tiene unas cadenas unidas por unas racletas que son las que se mueven y empujan el carbón.

La entibación automarchante consiste en unas placas que sujetan el techo, soportadas por una serie de estemples hidráulicos creando una zona segura donde se encuentran tanto la maquinaria como el personal. Además, tiene la característica de que con cada pasada de la rozadora o cepillo, avanza de forma autónoma para seguir sacando carbón y dejar que la parte de detrás se hunda de forma controlada. 
Este tipo de sistemas requiere de una inversión muy fuerte y es necesario que puedan acceder a las galerías grandes camiones que transportan las piezas y maquinaria pesada para descargarlas y llevarlas hasta la rampla. Una vez montado, con pocos operarios se consigue sacar mucha más producción, aumentando también la seguridad.

Funcionamiento de una rozadora con entibación automarchante

Montaje de un cepillo con entibación automarchante

Si quieres saber más sobre los sistemas de extracción o cualquier otro tema relacionado con la minería del carbón, no dudes en venir a visitarnos al Centro de Interpretación de la Minería de Barruelo de Santullán. ¡Te estamos esperando!

miércoles, 13 de julio de 2016

Fallo del I Certamen de Relatos Cortos sobre la Minería del Carbón del CIM de Barruelo.

Es la primera vez que organizamos un certamen de relatos cortos sobre la minería del carbón y estamos sorprendidos con la participación recibida. Ni más ni menos que 25 relatos que nos han hecho estrujarnos los sesos para decidir quién sale premiado, y lo más difícil, quién no.
El jurado lo componen miembros destacados del mundo de la literatura, así como el director del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León.

Gonzalo Blanco, editor y escritor. 
Jorge del Nozal, bloguero, poeta y rapsoda.
Julio Pesquera, catedrático de lengua y literatura y escritor.
Roberto Fernandez, director del Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León.

La entrega de premios tendrá lugar en La Casa de la Cultura de Barruelo, el viernes 15 de julio a las 19:30 durante el acto de apertura de las fiestas de Nuestra Señora del Carmen.

Tras varias cribas y negociaciones se ha llegado a una difícil decisión. De entre todos los relatos recibidos, teniendo en cuenta que se ajusten a las bases, la redacción, las emociones transmitidas y la visión del ámbito minero, se ha decidido que los relatos y autores premiados sean los siguientes.


Primer Premio 
Traigo la camisa roja (Ángela Alonso González)

Segundo Premio
Mortaja minera (Pablo Espina Puertas)

Tercer Premio
Reyes de carbón y nieve (Ángeles de Blanco Tejerina)

Desde el CIM de Barruelo queremos agradecer a todos los participantes el haber dedicado su tiempo a regalarnos unas páginas y dar la enhorabuena a los ganadores, a los que esperamos ver en la entrega de premios.
A continuación, vamos a poner los relatos ganadores para que los podáis leer.